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El agua, un recurso y arte.

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Javier López

Escribe: Javier López

Hola Carlos: Hoy vengo dispuesto a llamar tu atención sobre el más importante de nuestros recursos. La vida tiene un soporte ineludible y del que muchas veces no somos conscientes.

Nada es posible sin el AGUA.

Toda la vida que conocemos es deudora del agua y nosotros mismos, no somos sino agua en una elevada proporción.

Además de ser imprescindible para la vida, el agua está presente a nuestro alrededor en mil maneras y por suerte para esta sección de fotografía lúdica, es fuente (nunca

mejor empleado el término) de creatividad.

Si te parece vamos a repasar juntos algunas de las posibilidades que el agua ofrece como sujeto fotográfico, que son muchas.

Podíamos comenzar por su estado sólido, el hielo y la nieve, con su alba vestidura que tapiza los paisajes y maquilla el perfil de las montañas, la que visualiza nuestro aliento con su gélida compañía.

La vemos mayestática cubriendo las cimas mas enhiestas de las cordilleras, abrazando la roca, dándole un manto solemne, como el armiño de las realezas.

Luego, ya sabes que a la llamada de la primavera el hielo abandona los ventisqueros y dejando atrás la rigidez de la nieve, la soledad de la altura y la frialdad del glaciar, se lanza alegre por las torrenteras saltando de piedra en piedra buscando un mundo mejor.

Es su etapa más fecunda; buscando la libertad, corre ladera abajo entonando alegre la más cantarina de las melodías.

Algunas veces en su loca huida de las alturas, no duda en saltar sin miedo, buscando el atajo productivo. Así nos deja imágenes de una maravillosa plasticidad arrojándose al vacío en la confianza de encontrar nuevamente el camino.

Observando desde el cosmos la caída, si el sol está al quite y juguetea con el polvo de agua, entre los dos nos ofrecen un insólito espectáculo. La luz se rompe igual que al cruzar un prisma y nace su manifestación más soñadora, se trasmuta en polvo de estrellas, el fascinante arco iris.

Otras veces es la lluvia la que nos deja el espectáculo del arco multicolor como una señal celeste del cese de hostilidades. Y así entre mágicas manifestaciones el agua continúa su camino.

Más tarde la corriente se va calmando y los torrentes van dejando paso a los remansos.

Es como nuestra vida, la locura juvenil va dejando paso a la sensatez. Además en esa fase, el agua se puede recrear en la contemplación de las arboledas, en los niños que chapotean en sus orillas, en los pescadores que persiguen sueños desde las riberas o en las estrellas que reflejan  los ojos de las muchachas.

Los remansos a veces se hacen enormes y entre las montañas aparecen los lagos.

En su superficie, cual espejo navegable, se miran coquetas sus antiguas moradas y así de forma tranquila y relajada, se va emborrachando con el azul del cielo.

Pero va llegando al final del viaje y allí le está esperando el mar con su abrazo fraternal.

Después de un más o menos largo recorrido se funde con su hermana salada en un gozoso  reencuentro.

Es la metáfora de la vida, que indefectiblemente nos trae al recuerdo las Coplas por la  muerte de su padre, del ya inmortal Jorge Manrique.  

Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar

que es el morir. 

Nadie ha sabido plasmar en tan poco espacio, símil más afortunado.

Pero no creas que el agua se queda para siempre en su lecho de muerte, no, el agua renace nuevamente  y más tarde, vuelve triunfante a la vida por medio de las nubes.

Condensada en micro gotas y viajando incansable por el cielo, las nubes vuelven a trasportarla a las cimas y allí comienza otra vez este ciclo sin final.

Ya has visto, Carlos, la cantidad de posibilidades que el agua ofrece como “objeto” de deseo de los objetivos fotográficos.  Como nieve o hielo, como torrentes, cascadas, lagos, ríos, lluvia, fuentes, arco iris o humildes charcos en los que se refleja el mundo.  Lo único que necesitamos es un poco de tiempo para irlos descubriendo y plasmando. Como tú bien dices, todo no va a ser trabajar.

Y afianzando tu idea voy a terminar hoy recordándote otro verso, una sextilla de pie quebrado, compañera de la anterior con la que Manrique ya en siglo XV nos ponía sobre aviso: 

Ved de cuán poco valor

son las cosas tras que andamos

y corremos

Que en este mundo traidor

aun primero que muramos…

…las perdemos. 

Recibe, como siempre, un fuerte abrazo de tu amigo

Javier

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