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Carteles anunciadores, la importancia de la buena comunicación

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El atento observador
Javier López

Escribe: Javier López

Estimado Carlos: Hoy me he tomado la libertad de ponerme en tono humorista.

Ya sé que tu blog es una cosa muy seria, pero visto el cariz que está tomando la situación socio-económica- política en el país, he pensado que unos minutos de distensión y sonrisa, podrían venirnos muy bien.

Y de paso descubrimos otra faceta lúdica de la fotografía, que si lo piensas un poco, no está tan alejada de las premisas que siempre postulamos cuando sacamos la cámara a pasear y de los consejos que a través de esta sección hemos ido recomendando.

Es decir, ojo alerta para descubrir los  motivos, que pueden ser desde una chimenea, a la lengua de una mariposa, o cualquiera de las cien ideas que poco a poco vamos desgranando en esta sección.

Y si estás atento a la búsqueda de puntos de vista originales, a los encuadres diferentes, a los motivos sugerentes, te los vas a ir encontrando sin remedio.

Y si llevas la escopeta cargada, cuando salta la liebre, cobras pieza.

 Me estoy refiriendo a los carteles.  

Unas veces curiosos por lo insólito, otras veces por que ponen de manifiesto errores pueriles o exhiben impúdicos, unas faltas de ortografía de campeonato. Otras veces no tienen ningún error es solamente la mirada perversa del fotógrafo la que pone de manifiesto la paradoja escondida. Por ejemplo los letreros  que acompañan a estos sabrosos embutidos, si se sacan por separado no dicen nada, pero al verlos juntos ( recuerda las sinergias), podemos adjudicar a León una ambigüedad léxica y pensar que se trata de embutido de Simba, el rey de la selva. Una pequeña maldad.

Otras veces la maldad viene en el regocijo de ver que también hay otros que planifican mal, no sólo las autoridades monetarias. El que hizo esta placa se dio cuenta muy tarde de que no le cabía el texto, pero no se rindió.  “Sostenella y no enmendalla”

Los canteros y los que hacen lápidas son una fuente muy interesante de posibles jolgorios y te recomiendo encarecidamente que no los pierdas de vista.

Así es posible darse cuenta de pequeños detalles como el adjunto, donde otro que no distribuyó bien el texto, ha tenido que separar la palabra “santos” repartiéndola en dos líneas, por lo que a primera vista parece que habla de San Beato y de otro santo, posiblemente  patrono de los catarros. Tampoco parecía el hombre muy

partidario de los sinónimos, para no repetirse en tan corto espacio, pero eso se lo perdonamos como una licencia poética. Se ve que le gustaban las aliteraciones.

Otras veces nos encontramos con carteles equívocos, como si los que tienen que rotular no terminasen de tomar una determinación. A ver, como llamamos a la calle, José Antonio o Cristóbal, bueno,  pues deja los dos rótulos y ya lo iremos pensando…

Y en esta la plaza pasa lo mismo, al final qué hacemos, plaza de la Constitución o plaza de la Parroquia. Son dudas que se presentan y no deben tener fácil solución. Ya ves Carlos, como aquí también las sinergias producen agradables situaciones, y no sólo para nosotros, fíjate qué risotadas se están echando los leones.

Se ve que ellos también disfrutan con nuestros despistes. 

Otra fuente de carteles jocosos la puedes encontrar en los mercados de pueblo, donde se dan cita las más variopintas situaciones. Arriba teníamos la del chorizo de león o de León, quién sabe, y aquí vemos la advertencia para que no confundan la basura con los productos para degustación gratuita. Es que algunos se ve que lo prueban todo… todo lo que sea gratis.

Luego, en ocasiones, también podemos ver la venturosa aparición de la sabiduría. Dicen los antiguos refranes que rectificar es de sabios. Pues aquí podemos constatar que hay algún sabio en el mercado de Cangas de Onís, porque el año 2004 saqué la primera foto de las fabes y en el 2005 la segunda, y ya ves Carlos cómo ha rectificado… y sin subir los precios.

Otras veces encontramos en los mercados, reclamos publicitarios que nos hacen sonreír por lo agudo de sus observaciones.

Pero sin duda la fuente más recurrente e inagotable de carteles jocosos, la constituye todo lo referente a las faltas de ortografía.

Por ejemplo está claro que hay ciertos colegios donde no conviene llevar a los niños para que estudien letras. A lo mejor en ciencias, son buenísimos.

Y ya un bello ejemplo de feliz ortografía, está recogido en este aterrador cartel que tuve la fortuna de encontrar en las cercanías del desfiladero de Despeñaperros, cuando trepaba buscando un buen sitio para fotografiar el entorno.

Y digo que tuve la fortuna, porque después de descifrarlo me di cuenta de que me estaba metiendo en una zona muy peligrosa y sin dudarlo dos veces, salí corriendo cuesta abajo. Te  voy a facilitar su lectura  para que no sufras en el intento: Prohibido el paso. Peligro de muerte. Colmenas a 50  metros. Y ya de los números de abajo ni te quiero contar. A lo mejor era el número de muertos que llevaban las abejas ese año.

Bueno Carlos, que tengas buena caza y que la disfrutes. Un abrazo.

Javier

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