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El retrato, una forma de conocer a las personas

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Javier López

Escribe: Javier López

(descarga aquí el post con sus fotos)

Estimado Carlos: Hoy quiero hablarte de una actividad fotográfica que personalmente me ha dado  gran cantidad de satisfacciones. Y me estoy refiriendo a un  clásico: El retrato.

Naturalmente se pueden encontrar multitud de tratados que desmenuzan el arte del retrato desde todos los ángulos posibles, los requisitos técnicos, el perfil psicológico, la iluminación, etc.,  en suma, sesudos y exhaustivos estudios muy por encima del propósito de esta sencilla sección de fotografía lúdica.

Ya sabes que mi única pretensión es proporcionar a nuestros amigos del blog, placenteras  veredas donde poder encontrar un sencillo esparcimiento, sin muchas complicaciones.

El retrato es un tema muy complejo, porque se trata de reflejar a la persona completa, y todos sabemos que las personas se componen de cuerpo y espíritu.

Seguramente recordarás mis apuntes sobre la información codificada que las imágenes transmiten, las diferencias entre el lenguaje denotativo y el connotativo. Los buenos retratos no se conforman con identificar a Luis,…nos dicen cómo es Luis.

Pero hay una faceta del retrato que lejos de pretender reflejar toda la profundidad psicológica del retratado, se recrea  únicamente en uno de sus aspectos, para mí el más rentable, desde el punto de vista de la relación entre el trabajo y el fruto obtenido. Me estoy refiriendo a las  fotos de las caras.

Bueno, la sabiduría popular viene diciendo desde la antigüedad, que la cara es el espejo del alma, lo que implica  que refleja en cierta medida el carácter de la persona, si es abierta o tímida, noble o retorcida, risueña o malhumorada. Hay una extensa bibliografía al respecto, sobre la relación entre el carácter y los rasgos físicos. Pero lejos del lado erudito de la cuestión, y de los aspectos técnicos, de que si la luz es mejor que entre por la izquierda o que el retrato se haga a la misma altura etc., etc., yo voy a contarte mis experiencias en

esta actividad y luego tú, sacas las conclusiones que te parezcan más oportunas.

Para hacer un retrato de la cara, lo que nuestro común amigo Gerva denomina “caretos”, lo mejor es no acercarse mucho al sujeto.

La gente, normalmente, cuando ve que le están sacando una foto, suele poner una  cara de pose que resulta todo, menos natural. Esto es aun más acusado cuando se trata de fotografiar a los niños. Por eso a mí me gusta fotografiar las caras desde bastante distancia, lo que me obliga a utilizar indefectiblemente, una cámara que tenga bastante zoom. Yo ahora uso una de x 12, pero he usado mucho una con  x 3. La desventaja de la pérdida de nitidez, se ve compensada  por la naturalidad de las poses y además así, puedo salvar  una de mis grandes limitaciones.

Aunque no lo parezca, yo soy un tímido incorregible y me da vergüenza ponerme a sacar fotos a la cara de un desconocido. Pero a 6 metros de distancia, el individuo, no sabe si le saco la foto a él o al caballo del vecino. A los niños dicen que siempre hay que sacarles las fotos colocando el objetivo a su altura,  pues de arriba hacia abajo salen deformados y parecen  todo cabeza. Algunas veces, los chavales colaboran entusiasmados con la foto y hay que aprovechar el momento.

Naturalmente, como buen pícaro, mi objetivo predilecto son las mujeres y me gusta destacar sus cualidades, la belleza,  la dulzura, la sonrisa amplia, el cabello sedoso o los tocados variopintos.

Dicen que algunos pintores, como Degas por ejemplo, plasmaban de las mujeres sus aspectos menos favorecedores, o las posturas menos agraciadas. Yo no. A mí me emocionan sus encantos.

Otro grupo que me llama la atención son los músicos y aprovechando que ellos están a lo suyo, es muy fácil capturar su imagen.

Cuando salimos de nuestro entorno, nos llaman poderosamente la atención los tipos que nos vamos encontrando, para nosotros insólitos, pero cotidianos en su tierra, y en esos ambientes de viaje, tropezamos con personajes que nos enamoran, como el gaucho Cirilo o el atabalero de Ucieda.

Otro de mis motivos predilectos son los ancianos, a los que trato con todo mi respeto, y que más tarde en casa, al contemplar sus serenas imágenes, me hacen fantasear tratando de deducir por los surcos de su cara, la enorme dureza de las vidas que han tenido que soportar.

Como has visto, amigo Carlos, las gentes esconden en sus caras un valioso patrimonio, que una cámara atenta puede ir atesorando.

Me olvidaba reseñar una parte importantísima de la técnica de fotografiar caras. Y es que tienes que ser veloz como una gacela asustada, porque la mirada cómplice, el gesto noble o la sonrisa tierna, suelen ser muy efímeras. Desenfundar, apuntar y disparar, como en el Oeste.

Otro aspecto que destacan los fotógrafos de postín es que los retratos es mejor hacerlos con el diafragma muy abierto, para que salga enfocado el rostro y algo desenfocado el entorno. Así destacan más. O sea que ya sabes, a leerte bien el libro de instrucciones de la cámara… a practicar la rapidez… y a disfrutar. Una buena colección de “caretos” nunca deja indiferente.

Te dejo con una pequeña galería y tú recibe, como siempre, un fuerte abrazo de tu amigo

Javier

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