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Reflexiones de verano:»No te pongas a cien» (Por Juan José Lecanda)

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Escribe: Juan José Lecanda

En cuanto a las relaciones interpersonales, «no te pongas a cien».

Conduciendo tu vehiculo, quizás tampoco debas, ni puedas hacerlo… salvo que te expongas a ser sancionado, aunque lo mejor es que sea por voluntad propia, para no incrementar el riesgo potencial de accidentes.

Cuando el 1º de Julio, el límite de velocidad en autopistas y autovías volvía a los 120 km/h históricos, escribía que podría haber «daños colaterales» para la seguridad vial.

Transcurrido Julio, lamento que, por unas causas u otras, efectivamente se ha truncado el descenso de muertos y accidentados graves.

Parece lógico esperar a que pasen Agosto y Setiembre para poder analizar la tendencia pero, entretanto la Dirección General de Tráfico parece que ya ha puesto en marcha la «alarma roja».

Después de aplazar «sine die» (?) la implantación de la conducción asistida, propone bajar la velocidad a 90 por hora en vías convencionales. (las que tienen sólo un carril por sentido).

Actualmente, en las calzadas con un arcén de más de metro y medio de ancho, propio de las carreteras nacionales, se puede circular a 100 por hora.

En las denominadas carreteras convencionales se produjeron durante el año 2010 mas del 75%, 3 de cada 4, de los muertos, con un total de 1331 personas fallecidas.

Tráfico pretende reducir un 30% esta cifra tan dramática de muertos. Buen objetivo.

Según los técnicos, una disminución de 10kms. de la velocidad en carreteras reduce la distancia de retención nada menos que en 12 metros con pavimento seco y en 21 metros con el pavimento mojado.

Ciertamente, la impresión generalizada de los últimos años es que hay que adoptar medidas tanto en carreteras nacionales como en las comarcales y locales.

Es obvio, que especialmente en tales carreteras hay varios factores que requieren mejoras:

• La concienciación de los conductores que por confianza en el conocimiento del trazado cometen imprudencias por velocidad inadecuada, no adaptación a la climatología adversa, ó falta de mantenimiento de la distancia de seguridad ó de las condiciones técnicas del vehículo.

• La señalización, el trazado y la conservación de la calzada.

Por todo ello, en el próximo futuro la inversión pública debiera dirigirse sobre todo a la mejora de las carreteras convencionales y su señalización y la «asunción sociológica» del límite de 90 kms/h como límite de velocidad.

Todo parece indicar que hay margen de mejora.

Habría que fijarse un nuevo objetivo para que en el año 2015 no se superen los 1000 muertos.

Es factible. Esperemos que se sigan adoptando medidas que lo faciliten.

La D.G.T., como es lógico, ha rechazado la relación entre la elevación en Julio a 120 kms/h y el número de muertos y accidentes graves, pero seguramente algo habrá incidido.

En mi opinión, Tráfico debiera incidir en contra del supuesto afán recaudatorio de las multas e insistir en la prevención y la racionalidad de las medidas que se adoptan.

Es imposible lograr un acuerdo general porque somos humanos pero sería muy positivo que el consenso fuera mayoritario.

En relación con la limitación comentada, las Asociaciones de Conductores ya han empezado a manifestarse en contra argumentando que la velocidad real ya ha descendido. Señalan que los accidentes graves más frecuentes son los de salida de calzada y las colisiones motivadas «por otras causas».

Sin embargo, la velocidad inadecuada, las distracciones y los adelantamientos indebidos son las causas finales más importantes.

En sentido contrario, las Asociaciones de Victimas apoyan la propuesta de la D.G.T. señalando que «la velocidad va unida a los accidentes».

En relación con la normativa legal, también a mí me han sorprendido – al igual que al Director General de Tráfico – las declaraciones del Fiscal de Seguridad Vial anunciando ahora que «perseguirá de oficio a los conductores responsables de accidentes con muertos siempre que hayan cometido una imprudencia grave».

También yo creía que la despenalización de los accidentes de tráfico no llegaba hasta tales casos.

Por lo demás, al igual que en su día el «caso Farruquito», el accidente con un muerto en el que participó el torero José Ortega Cano está ocupando muchas horas de televisión.

Reacio como soy a soportar el tratamiento superficial – por no calificarlo de otro modo más duro – de temas serios por varias de las cadenas televisivas, no puedo juzgarlo.

No obstante, me parece que tanto el Fiscal de Seguridad Vial, como la Dirección General de Tráfico, las Asociaciones de Víctimas de Tráfico y, por qué no, UNESPA debieran aprovechar la oportunidad para difundir una información legal, seria, profesional y alejada de «juicios paralelos» y «oportunismos morbosos». Comprendo que no es nada fácil porque el interés mediático va por otro camino, pero lo considero no sólo conveniente sino necesario y oportuno.

Lo más importante no es, excepto para las familias afectadas, el caso concreto sino la pedagogía y comunicación que permite un caso tan mediático.

Finalmente, hay que concluir que «ponerse a cien» en esta materia puede tener graves inconvenientes.

No hacerlo puede permitir a más personas «llegar a los 90», lo que no está nada mal.

JUAN JOSÉ LECANDA
juanjolecanda@hotmail.com

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