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Quiebra de valores en España

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(N.E. Cuando lancé el blog apunté que todas las ideas expresadas con educación y respeto serían bienvenidas. Ahora tengo la oportunidad de aplicar este principio con el punto de vista de mi amigo David Larralde, nueva pluma para este blog, que vierte en palabras encendidas lo que otros piensan y callan. Esta mañana leía la entrevista en DEIA a otro buen amigo, Pedro Luis Uriarte en la que expresaba la necesidad de “arrimar el hombro todos” si queremos salir de esta inmensa crisis en las que estamos metidos por la incompetencia, la corrupción, la avaricia, el engaño, la estafa de algunos pero también por nuestro silencio. Os dejo con David).  

Escribe: David Larralde. 

Aprovechando la amabilidad que me has brindado de utilizar tu blog para poder expresar mi turbación ante la quiebra de los valores morales que hoy impera en nuestro país, te hago llegar, con gran pesar, mis desconsoladas reflexiones al respecto.

España atraviesa una época amarga y desolada.

A las dificultades de orden económico que nos acechan por todas partes, hundimiento de la economía, paro, recesión, oscuras perspectivas de futuro, tenemos que sumar una perdida total de nuestros valores morales, que hacen mucho más sombrío el panorama.

Vemos con estupor que los políticos, que debieran ser los guías del pueblo, los demagogos, en el sentido etimológico de la palabra, se han convertido en una de las preocupaciones más destacadas de la ciudadanía.

Según el centro que se encarga de elaborar las encuestas sobre los problemas que preocupan a los españoles, constatamos que están en el podio:

         1.- El paro

         2.- La situación económica

         3.- La clase política

         4.- La corrupción

Vemos todos los días aparecer nuevos casos de corrupción en los que destaca como figura protagonista alguno de nuestros dirigentes políticos, de uno u otro signo.

En esto no hay clases,

Encontramos corruptos de los más variados colores políticos. Hay una rara unanimidad.

Los escándalos de corrupción sacuden a la derecha o la izquierda, a los nacionalistas, vascos, catalanes y mallorquines, andaluces con sus “eres”, valencianos bien vestidos, gallegos repostando, incluso en la sacrosanta corona han encontrado una espina que se  les clava desde los añorados paraísos caribeños.

Si dirigimos la atención hacia la justicia, enseguida percibimos el mismo tufillo pútrido, jueces prevaricadores, desidia por doquier, procesos dilatados, componendas políticas, sentencias sorpresivas, sobreseimientos incomprensibles, sometimiento a los poderosos.

Vergüenza tras vergüenza.

Pero lo más grave no es que nuestras clases dirigentes estén corrompidas. No.

Lo más preocupante es que la ciudadanía no hace sino imitarles en lo que pueden y actualmente no hay una parcela de la vida cotidiana que no esté contaminada por estos comportamientos insociables.

Lo vemos a diario en nuestro trabajo.

Si le han rallado el coche un poco, le dicen al perito que les cambie todo el parachoques y de paso la puerta, que tenía un golpe de otra vez.

Si cae algo de agua del vecino de arriba, no solo piden que les pinten el techo, sino que les cambien los muebles de la cocina, que aseguran se han hinchado un poco y de paso la moqueta que era algo antigua y no armonizaba bien con el conjunto. ¡Hay que aprovechar!

Y esto la gente normal, la que critica duramente a los políticos corruptos.

¿Con qué derecho les exigen a los demás la honradez en los grandes asuntos, si ellos no la tienen en las pequeñas cosas?

La gente de nuestra edad fue educada en el respeto a las normas, en el valor de la palabra dada, en la honradez y el trabajo, en la lealtad, la honestidad y la recta conciencia.

Es una vergüenza constatar que la Sra. Esperanza Aguirre es la mejor curandera del estado, que ha sanado ella sola a más de dos mil funcionarios de un plumazo, al anular los complementos con que la Comunidad de Madrid completaba las cantidades que paga la Seguridad Social a los trabajadores que cogen la baja por enfermedad.

En cuanto ha dicho que no paga complemento alguno, se han curado de golpe más de dos mil funcionarios que estaban de baja. Eso el primer mes.

En la comunidad autónoma vasca, han enviado una carta certificada a los más de cincuenta mil perceptores de las ayudas sociales. Ya han sido devueltas más de siete mil, porque los beneficiarios no viven donde decían que vivían. O sea que huele a engaño. Dicen, que van a investigar.

Resulta que estamos en recesión y ha aumentado exponencialmente el número de parados, que se hacen largas filas ante las oficinas de empleo, y sin embargo es inexplicable que el colectivo de inmigrantes haya incrementado las remesas que envían a sus países de origen de 7199 millones de euros en el 2010, hasta casi 7600 en el 2011.

Además todos los expertos señalan que estas cifras registradas oficialmente por el Banco de España, pueden llegar a doblarse con las cantidades que son enviadas por canales no oficiales.

¿Cómo es posible?

Si por otra parte constatamos que las aportaciones a la seguridad social han descendido en número de cotizantes, o sea que hay menos gente trabajando legalmente, ¿de dónde han sacado estos inmigrantes el dinero que envían a sus familias?

¿No sería razonable preguntárselo cuando lo están enviando?

A todas luces parece innegable la existencia de grandes bolsas de fraude y dinero negro.

Miremos donde miremos, nos encontramos la indeseable compañía del engaño.

Se ha hecho práctica habitual que al encargar un pequeño trabajo, se solicite al operario que no incluya el IVA.

Y en el restaurante doble moral. Si va a pagar la empresa, entonces sí, que nos den una factura bien legal, pero si vamos a pagar nosotros, entonces que ni se le ocurra hacer factura con IVA.

Todo el mundo asegura conocer a alguien que cobrando el paro, hace pequeñas chapuzas bajo cuerda.

Es difícil encontrar profesionales liberales, médicos por ejemplo, que te den factura por sus servicios de consulta, como la ley manda.

Los notarios, los que tienen que dar fe de lo real, con falsa dignidad se ausentan en el momento del pacto económico, para no verse contaminados por el chanchullo que todos intuimos que se ha cometido, al certificar que el piso vale 300000 euros cuando todos sabemos que ha costado 400000. Todos, menos el notario.

¿Hasta cuando vamos a tener que soportar estas trampas y mentiras?

Y luego, de manera paralela, se producen encendidas protestas porque no hay dinero suficiente para mantener las prestaciones de la Seguridad Social o la educación.

Pero, cómo va a haber. Si aquí no quiere pagar nadie. Si no hay rigor, si todo el mundo está en bloque eludiendo sus más elementales deberes. Si al que cumple con honradez sus obligaciones con Hacienda se le tacha de gilipollas. Si al que se queda un rato trabajando, simplemente porque le encanta hacer bien las cosas y terminar lo que tiene entre manos, se le margina por “pelota”. Si justificamos a los caraduras
que practican el absentismo.

Si llamamos listos y avispados a los del “pelotazo”, los especuladores que compran hoy un bien y lo venden mañana al doble de su precio, incrementando artificialmente el precio de las cosas, cuando su calificativo correcto es el de sinvergüenzas aprovechados.

Y ante este desolador panorama tenemos que preguntarnos:

¿Dónde están los intelectuales de este país?

¿Por qué no salen a la calle enarbolando la bandera de la honestidad, convenciéndonos de que la ética continua teniendo sentido, que sin moral descendemos a la selva?

La nación española necesita que sus filósofos, sus escritores, sus cineastas, sus creadores, se embarquen en una corriente regeneracionista, necesitamos una brisa fresca.

Que guíen al pueblo hacia metas diferentes al pelotazo y la acumulación de dinero fácil, que restauren los valores que facilitan y ennoblecen la vida en comunidad.

Que nos propongan nuevos héroes, honrados, sacrificados, estoicos o epicúreos, pero nobles y solidarios, que rindan culto a la verdad, a la fidelidad, valores hoy en desuso.

Que desenmascaren y marginen a los aprovechados, los absentistas, los vagos, los que viven del cuento, los chorizos.

A principios del siglo XVIII, en plena corriente de la Ilustración, se constituyeron grupos de notables, como la Sociedad Bascongada de Amigos del País, con la noble intención de sacar al pueblo de su ancestral atraso.

En el 98 se alzaron encendidos los pensadores españoles para ayudar a todos a regenerar los valores de una España en decadencia.

¿Dónde están los intelectuales de hoy? No oímos sus autorizadas voces marcando un sendero de ilusión para tanta gente defraudada.

Vemos que tímidamente ya han empezado a nacer movimientos de gente insatisfecha, indignada ante la situación de la clase política y la banca, pero mucho me temo que sean como un equipo sin entrenador, como un ciego sin guía.

Y ya que nuestros maestros no hacen acto de presencia, parece llegado el momento de actuar desde nuestro modesto día a día.

Hay que empezar a considerar que a estas alturas es misión de todos y cada uno señalar lo indeseable allí donde lo encontremos.

Si cada vez que un demandante de empleo pide que le paguen en negro, porque si le pagan legalmente va a perder las ayudas sociales que percibe, obtuviera del empleador la censura y el rechazo más enérgico, no se atrevería a pedírselo al siguiente.

Si cada vez que tropezamos con un empleado absentista, le afeáramos en público su insolidaria conducta, se guardaría de exhibirse como un tipo inteligente.

Si cada vez que alguien intenta trampear a la administración, amparándose en el mal fin que hacen de nuestros impuestos, recibiera el más firme de los rechazos, haríamos entre todos crecer una corriente de honestidad gratificante.

Si se tuviera a gala pagar los impuestos, como un acto solidario fundamental, la gente que paga religiosamente gozaría, como en otros países, del respeto de sus conciudadanos.

Si tuviéramos todos muy clara la línea que separa lo ético de lo inmoral y manifestásemos públicamente nuestro rechazo a las conductas insociables, iríamos haciendo camino.

Si educáramos a nuestros hijos en estos valores, podríamos llegar a estar orgullosos de pertenecer a esta dolida nación.

Y si yo consiguiera que alguien hubiera seguido leyendo hasta llegar aquí, con tan poca cosa ya me sentiría satisfecho.

Para finalizar, quisiera agradecer a Carlos Biurrun su amabilidad, por permitirme el uso de su blog para hacer estas modestas reflexiones

Muchas gracias

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