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Petra, la ciudad rosa y oculta de los nabateos

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bm1Escribe: Javier López

Querido amigo Carlos: Ya sabes que la llegada del verano activa en mí un hormonal mecanismo que me impulsa a establecer contacto con las variadas maravillas que el mundo alberga. Siempre escucho la llamada de recónditos lugares que me incitan a hermanarme con otras civilizaciones, con otras gentes que dejaron recuerdo en la historia.

Esta vez ha sido Petra, la ciudad oculta y rosa de los nabateos. Hace ya tiempo que tenía ganas de visitarla, pero ha sido la creciente inestabilidad de la zona la que me ha proporcionado el definitivo empujoncito para tomar la decisión. Los países árabes viven una época convulsa con guerras en Siria e Iraq y líos en otras cercanas y Jordania  es como un oasis, que no sé si tendrá sombra y agua por mucho tiempo. Así que tomada la decisión, me he asomado a estos parajes de ensueño y he tenido la suerte de disfrutarlos en su plenitud.

No pienses, amigo mío, que es un destino de aventura, no, hay mil viajes programados a este lugar y se hace con una relativa comodidad. Además ya no se puede acceder hasta el cañón de entrada, el Siq, a caballo como lo hacía Indiana Jones, ahora han limitado el recorrido a caballo desde la entrada, al comienzo del cañón. Es casi un km. de camino ancho y polvoriento, que a modo de introducción tiene un imponente templo tallado en la roca , pero que con la ansiedad de descubrir la ciudad oculta, todo el mundo pasa rápido a su lado sin concederle el enorme valor que atesora. Es un desprecio monumental (nunca mejor dicho).

El cañón es en sí otra pequeña maravilla. Sus elevadas paredes (80 mts) tienden al beso y el serpenteante camino discurre abriéndose paso con dificultad en la roca durante algo más de un km. Sus paredes lucen a veces como si de un museo de arte moderno se tratase. Cual cuadro abstracto, los ocres, los rojos y amarillos se mezclan en vistosos y abigarrados conjuntos que van alegrando el desfiladero, convirtiéndolo en una galería donde las sales metálicas de los variados minerales , el hierro, el azufre o los silicatos son los inconscientes artífices de esta obra de arte.

Pero cuando nos vamos acercando al final del desfiladero, por la rendija del final, apenas separada un par de metros, se va vislumbrando la joya de la ciudad, Al Khazneh. El Tesoro”, se alza imponente, labrado en la montaña. El desfiladero termina en otro paso perpendicular, más ancho, pero también aprisionado por los elevados muros rocosos y en uno de ellos los artesanos nabateos tallaron el fabuloso templo. Lo de tallado, es literal. La blanda roca arenisca ha sido trabajada y pulida hasta darle el aspecto noble que muestra la imagen. De inspiración helenística alejandrina y con el toque nabateo, alza majestuoso sus 43 mts. de altura. El resultado del tajo a la montaña es tan sorprendente, que paraliza. Además, a la mañana, el sol lo focaliza de tal manera que hace daño. Deslumbra. Y la imaginación, ya sin freno, te transporta al lejano Siglo I antes de Cristo, e imaginas cómo tenía que ser la ciudad viva, capaz de tumba semejante. Como puedes observar, los capiteles no son piezas incrustadas entre el fuste y el arquitrabe, sino que están labrados en la misma roca, una arenisca que cambia del rosa  al amarillo en función de la luz solar.

Un variopinto mundillo de mercaderes ofreciendo tesoros de pega, camelleros dispuestos a darte un paseo por las ruinas, soldados del desierto, guerreros nabateos o niños vendiendo baratijas salen enseguida a tu encuentro.

Porque la llegada al Tesoro es solo el comienzo de la apasionante aventura. Allí nace la calle de las fachadas y el teatro. Un paseo majestuoso hasta el final de la ciudad. Este paseo puede hacerse paseando y fotografiando plácidamente las innumerables tumbas labradas en la roca o bien recorrerlo a lomos de hieráticos y elegantes dromedarios o de los más humildes jumentos.

De cualquiera de las maneras el paseo es un hervidero turístico de insaciable curiosidad con cientos de puntos de interés. Miles de tumbas labradas se abren en la montaña, algunas de más fatigosa visita que otras, ya que las dos paredes del valle están utilizadas y hay grandes templos y tumbas reales labrados en las alturas. El color de la piedra va cambiando según la posición del sol y la estructura de la roca.

Porque la roca, ella en sí, es otra maravilla.

En el camino hacia el fondo, el valle se va abriendo y acoge las ruinas de la cultura romana que a partir del siglo I dominó la ciudad. Se ven templos y un enorme teatro, y cuando uno ya piensa que lo ha visto todo, hay otra sorpresa aguardándole. Lo malo es que hay que pagar un alto precio. Y digo alto o elevado, porque hay que ascender a un oculto collado mediante la nada despreciable cifra de 850 escalones.

Con mucho calor, pueden incluso parecer más.   Pero siempre hay alguien interesado en                                           ayudarte a alcanzar la cima.

Porque, hay que destacarlo, el esfuerzo merece la pena. Se tarda entre 45 y 60 min.                                                       en alcanzar un pequeño vallejo cerca de la cima de la montaña y allí oculto se                                                                   encuentra el más grande de los monumentos de Petra, El Deir, “el monasterio”                                                                   esculpido en el siglo I en honor de Obodas I. Es enorme. Tiene 50 mts. de ancho por                                                     45 de alto y puede verse con claridad el esfuerzo que supuso labrarlo directamente en la montaña pues es perfectamente visible el borde exterior desde el que se partió al                                                                                           comenzar la obra. En el camino de ascenso y al final, cerca del Deir, hay puestos donde aplacar la sed.

Se puede subir y bajar en burro, pero para ello, especialmente para bajar, hay que estar dotado de un valor frío y temerario que no está a mi alcance. El recorrido total, desde la entrada hasta el Deir, viene a ser de unos seis kmts. que naturalmente hay que desandar. Se puede comer en el recinto, pues al lado de las 850 escaleras hay un par de restaurantes buffet.

Nosotros, Carlos, como no lo sabíamos, fuimos provistos del correspondiente jamón en sobre y dimos cuenta de unos pecaminosos bocadillos ( desde el punto de vista islámico) que nos supieron a gloria, regados asimismo con otras no menos pecaminosas cervezas. Ya lo sabes, al igual que en nuestra tierra, todo lo bueno o engorda, hace daño o es pecado.

Y ya lentamente, recreándose en los distintos tonos que el sol del atardecer va imprimiendo a la roca arenisca, se emprende el camino de retorno, sin prisa, deleitándose en cada piedra, demorándose en cada contraste, almacenando estas plácidas sensaciones en la memoria. Por la tarde hay mucha menos gente y se camina de manera más sosegada, en la zona del cañón, el “Tesoro” luce su casaca rosa en vez de la dorada amarillenta de la mañana y hay una mayor comunicación con la historia y la gloria nabateas.

Y si ya se desea un momento de misterio y magia, se puede recomendar la visita nocturna, pero hay que consultar, pues no se celebra todos los días. A partir de las 8 y media, al anochecer el camino se ilumina tenuemente con velas y en la explanada frente al “Tesoro”, llena de velas, se ofrece un mágico concierto de flauta y de “rababa” o “rahaba” beduina, una especie de violín de una sola cuerda, que el público, sentado en esteras en el suelo, escucha con delicado y solemne silencio mientras degusta los  vasitos de fragante té que la organización distribuye. La música primitiva asciende con el humo desde los puntos luminosos de las velas del suelo hasta un decorado cielo brillante, tachonado de estrellas, portando el respeto por estas culturas milenarias mientras un delicado cosquilleo te recorre la espalda.

Bueno o amigo, al igual que en otras ocasiones me despido recomendándote estos bellos lugares, no tan lejanos, están a 5 horas de vuelo desde Madrid, porque estoy seguro que te pueden proporcionar esa calma espiritual y esa emoción placentera que tanta falta nos hacen.

Hasta la próxima, recibe el fuerte abrazo de tu amigo

Javier

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