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¿Bancarización o segurización de las Cajas?

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Carlos Biurrun

Escribe: Carlos Biurrun

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La crisis iniciada a finales de 2007 con las famosas suprimes americanas tuvo su reflejo en España en el “ladrillo” y su desmesurado crecimiento que parecía que no tenía límite. Pero sí tenía y no sólo eso, los precios de las viviendas comenzaron a desmoronarse y los promotores inmobiliarios con importante financiación de cajas y bancos se fueron a pique.

Todo el sistema financiero perdió una de las más importantes características para que funcione bien, la confianza. Formando parte del sistema financiero, por supuesto, las Cajas de Ahorro se han visto profundamente afectadas, unas más que otras. Incluso algunas ha peligrado su continuidad o han tenido que ser intervenidas por el Banco de España. A la crisis del “ladrillo” se ha unido, en determinados casos, una nefasta gestión y una utilización política de los órganos de gestión en beneficio de intereses obscuros y por supuesto alejados del objeto social fundacional.

Cualquier solución que se adopte no deberá perder de vista la importancia que las Cajas han tenido en la popularización del crédito y el impacto de sus Obras sociales en los territorios donde desarrollan su actividad. Y ello debe ser compatible con la necesidad de capitalización y profesionalización de sus órganos directivos.

Hace un año se inventó la fórmula SIP y muchos pensamos que no era más que una solución “parche”. Ahora el Gobierno le ha entrado la prisa y azuzado por los “mercados” necesita resolver la patata caliente del régimen de las Cajas, para que puedan acudir a los mercados financieros y conseguir los fondos necesarios para su capitalización.

Lo que en el plano teórico está muy bien, en la práctica va a ser muy problemático porque nadie acudirá mientras no se aclare el agujero inmobiliario y por otra parte nos vamos a encontrar que los que finalmente lo hagan tratarán de conseguirlo a precio de saldo.

Aceptando que las Cajas deben seguir cumpliendo una función social, que se deben profesionalizar, algunas ya lo están, y que necesitan obtener recursos para su capitalización, sería bueno que no llevase a cabo una privatización a la brava y excesivamente rápida, apremiado, como está, el Gobierno, por la falta de recursos financieros salvo los provenientes del FROB que no son suficientes.

Por todo ello me atrevo a proponer  un camino que pueda llevar a buen término la privatización cuidando el equilibrio entre la obtención de rentabilidad para los que entren en el capital y el mantenimiento del carácter social de las Cajas.

Hay tres líneas de acción que conviene no perder de vista, antes de acudir a inversores externos y especulativos:

  • La primera, la utilización del FROB, que debería ampliarse hasta los límites posibles.
  • En segundo término, no todas las Cajas están en la misma situación. Los diferentes gobiernos deberían utilizar sus influencias de forma más explícita, dedicando esfuerzos, por supuesto sustentados en análisis económicos y financieros rigurosos, para llevar a cabo cuantas fusiones o absorciones sean posibles.
  • En tercer y último lugar, podría invitarse a las Compañías aseguradoras a entrar en el capital de las Cajas, yendo más allá de los acuerdos de bancaseguros. Todas las Cajas, sin excepción, explotan con éxito la actividad aseguradora entre su importante y extensa clientela.

 

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