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La gran paradoja de nuestro mundo

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Luis Badrinas
Luis Badrinas

Introducción de Luis Badrinas, Executive partner de Community of Insurance 

(El otro día llego a mis manos un artículo de mi buen amigo Gabriel Masfurroll publicado por Expansión que me gustó especialmente porque en momentos críticos en los que mucha gente en nuestro país esta pasando por circunstancias difíciles, hay jóvenes con muchísimo talento que están lanzando  y desarrollando magníficos proyectos que con toda seguridad muchos de ellos darán empleo y generarán riqueza para nuestro país; sin embargo hoy están pasando inadvertidos porque hay otras noticias que venden más.

Gabriel Masfurroll además de amigo, es un grandísimo emprendedor, y, entre sus actividades, es socio fundador y presidente de  Wings 4 Business, Presidente del Consell Social de la Universitat Autónoma de Barcelona, miembro del Comité de Inversiones del Fondo capital Expansión del Institut Català de Finances, Embajador de Menorca, fundador y presidente de la Fundación Alex, presidente de la fundación Laurentis España, presidente de Europe´s 500, vicepresidente de la Fundación Club Barcelona, patrono y presidente del Consejo Asesor en Catalunya de Junior Achievement y sénior advisor de CBRE) 

VISIÓN PERSONAL

Escribe: Gabriel Masfurroll

web www.gabrielmasfurroll.com

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Hace años, cuando yo era un teenager, escuchaba cómo mis abuelos nos decían que no entendían los cambios que se producían en el mundo. El Mayo del 68 ya era historia y estábamos en la época hippy, la de la música beat y, en nuestro país, en la lucha contra la dictadura. Tanto ellos como mis padres me respetaron, y en muchos casos me apoyaron, pero lo más importante es que nos enseñaron a tratar de entender a aquellos que pensaban y actuaban de forma distinta. Había que respetar a los que respetan. Todo lo contrario respecto a los que van por la vida con la arrogancia del progresismo, destruyendo todo lo que se pone por delante y no aceptan las reglas aceptadas y aprobadas democráticamente como propias con el argumento de que son contrarias a sus principios. Quizás están en minoría y no pueden imponer sus ideas. Es una lástima, pero a esto se le llama democracia, para lo bueno y lo malo.

Hace algunas semanas asistí en Barcelona al evento anual que celebra la Asociación Independiente de Jóvenes Empresarios de Catalunya (AIJEC). Fue un evento precioso, excitante y motivador en el que pudimos comprobar cómo jóvenes de todo tipo, orígenes y circunstancias, expusieron sus proyectos. No eran niños bien, ni pijos que dirían los antisistema. Eran jóvenes que, con enorme esfuerzo, sacrificio, tenacidad y aversión al fracaso llevan años peleando por alcanzar sus propios sueños. Luchan contra el sistema, pero de forma distinta. Tienen que superar las enormes dificultades que supone crear algo desde cero. Y muchos crean empresas de enorme valor añadido. Son distintas a las de hace 50 años, a las de hace 30 años y distintas a las de hace 10 años, pero el espíritu es el mismo. Apuestan por innovar y buscar soluciones al mundo actual. Ellos crean puestos de trabajo para otros jóvenes y no tan jóvenes. Crean riqueza para su comunidad. Ellos ayudan a crear, a reformar un mundo nuevo. Son los precursores del cambio y luchadores sin fin por cambiar las reglas.

Reestructuración. 

Ese mismo día, y no muy lejos de El Born, donde se celebró el evento de AIJEC, otros jóvenes, de edades parecidas, se dedicaban en Sants a destruir todo cuanto se ponía por delante. Lo importante para algunos de estos jóvenes no era protestar, derecho legítimo si se hace de forma adecuada y con respeto, sino alterar y destruir todo. La gran paradoja es que, por desgracia, los medios de comunicación sólo dan importancia y visibilidad a los que destruyen, destrozan y protestan, y dan prácticamente nula visibilidad a los otros.

Estamos en un momento a nivel mundial en el que se avecina un cambio sociopolítico, y seguramente económico, muy importante. No se salva ningún rincón del mundo. Europa está rota políticamente hablando, y sólo nos une el euro y la aversión a otra conflagración bélica. China va a tener que afrontar años duros de cambio hacia la democracia. Varios países asiáticos están en pleno proceso de reestructuración. Latinoamérica se debate entre las dictaduras populistas y las democracias prooccidentales. África, la gran desconocida, puede ser el continente emergente de la segunda mitad del siglo XXI, pero veremos cómo afronta la colonización china. EEUU empieza a darse cuenta de que ya no es el imperio del mundo. Y en nuestro país, con la llegada de Felipe VI, todo apunta a que o nos renovamos o morimos.

Nos debatimos entre una crisis feroz que está haciendo estragos y el principio de equidad y solidaridad entre las distintas regiones que sigue sin funcionar, agravado por el “virus del Lazarillo de Tormes”; es decir, pretendemos ser muy estrictos en la aplicación de todas las normas, pero según para quienes. ¿Realmente nos creemos que el paro es del 25%? Ni de broma. ¿Y esto cómo se gestiona? ¿Es justo que la mayoría de ciudadanos debamos cumplir las normas so pena de ser penalizados y que otros pocos, pero muy ruidosos y violentos, gracias a esto, la violencia, puedan incumplir todo lo que les dé la gana sin ningún problema? ¿Qué pasaría si yo mañana, como “català emprenyat”, salgo a la calle y destrozo lo que se pone a mi alcance? ¿O si dejo de cumplir con mis deberes como ciudadano? Seguro que seré sancionado y probablemente con severidad. Pues bien, parece que hemos creado dos categorías de ciudadanos, los que cumplen y los que no. Los primeros acabarán pensando que son ingenuos. Los segundos crearán ejemplo y éste es fácil de imitar, pues además sus acciones son divulgadas en todos los medios. Si actúan con respeto, serán escuchados, si no, deberán ser castigados.

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